8 nov 2012


Pautas para mejorar el comportamiento de  los niños: Estrategias que funcionan a cada edad

Todos hemos visto estas escenas: el niño malcriado tirándole arena a los demás en el parque; el llorón de 3 años que no se calla hasta que sus padres le compran la "chuche" que quiere; la niña que le falta el respeto a su madre gritando "¡porque no quiero!" en el restaurante.

Y hemos mirado a sus padres con cierto desdén, seguros de que nosotros nos portaríamos de manera muy diferente si nuestros hijos se estuvieran portando de una forma tan maleducada.

Hasta que nos pasa a nosotros: nuestro niño tiene un ataque que nos coge completamente por sorpresa. Y de repente, eres esa mamá o papá que no sabe qué hacer frente a una situación tan difícil. La verdad es que todos los niños presentan problemas de conducta que ocurrirán en edades diferentes, y será responsabilidad nuestra encontrar la mejor manera de solucionarlos.

¿Por qué es la disciplina un dilema tan grande? Porque ponerla en práctica es como andar por la cuerda floja. Por un lado está el peligro de ser demasiado permisivos, porque nadie quiere criar a niños consentidos y tiranos; por el otro, está el miedo de controlarlos excesivamente, porque tampoco queremos ser tan duros que lleguemos a criar a niños miedosos, tímidos y tristes.

Lo que necesitamos es encontrar un término medio para lograr educar a niños respetuosos, afectuosos y que se porten bien.


Primero, las reglas básicas

Para preparar el escenario y disciplinar a los niños con éxito, éstas son las reglas básicas con las que están de acuerdo muchos expertos:

1. Todos tenemos responsabilidades. Hay que enseñar a los niños, desde el principio, que en la familia hay un sistema de apoyo recíproco, por el cual todos se ayudan y colaboran. Hasta un bebé puede "ayudarte" a cogerlo, levantando sus bracitos hacia ti.

2. El respeto tiene que ser mutuo. Una de las quejas más comunes de los padres con relación a sus hijos y viceversa es: "No me estás escuchando". Procura dar un buen ejemplo desde el principio, y cuando tu niño trate de decirte algo, interrumpe lo que estés haciendo, ponle atención y escúchalo. Así más tarde podrás exigirle el mismo comportamiento.

3. La clave está en la constancia. ¿Quieres criar a un niño con fortaleza emocional? Sé constante y firme con relación a las normas y tareas. Es preferible insistir en que el niño ayude con una única tarea que no exigirle absolutamente nada. Tu firmeza y constancia le enseñarán a tu hijo que lo quieres lo suficiente como para esperar que se comporte responsablemente.

4. La vida no siempre es justa. Los padres tenemos mucho miedo de decepcionar a nuestros niños, demasiado, dicen muchos expertos. Pero, si los niños nunca pasan por situaciones dolorosas o frustrantes, como al tener que compartir un juguete o esperar su turno, o si nunca sienten tristeza ni desilusión, no tendrán la oportunidad de desarrollar las destrezas psicológicas esenciales para su felicidad. Es decir, que si tu niño se enfada porque a su hermanito más pequeño le ha tocado un castigo diferente, por ejemplo, está bien que le digas: "Sé que te parece injusto, y siento que te moleste, pero la vida no siempre es justa".


Las pautas: Bebés, niños pequeños y niños mayores

Atención: Estas  herramientas no están garantizadas, y ninguna de ellas será perfecta para todos los padres y niños. Pero sí te ofrecerán opciones a la hora de disciplinar a tus hijos, ¿y a qué padre no le gustaría contar con más "armas secretas"?

Pauta: Dale amor en abundancia.
Edad: De recién nacido a 12 meses (¡y mucho más!).
Cómo funciona: Seguramente te habrás preguntado si tu bebé se está saliendo con la suya cuando vas y lo coges en brazos por enésima vez. ¿Debes de empezar a imponerle límites? Todavía no, dicen los profesionales. Al responder a las necesidades de tu bebé no lo estás consintiendo ni "malcriando", ya que es imposible consentir o mimar demasiado a un bebé.

De hecho, el resultado será precisamente lo contrario: al darle a tu bebé todo el amor y atención posibles ahora, le estás ayudando a transformarse en una persona bien equilibrada y que sabe comportarse. Tu bebé está aprendiendo a confiar en sus padres, y su forma de hacerlo es comprobando que siempre estás presente para responder a sus necesidades.

Con el tiempo, esa confianza hará que tu hijo se sienta más seguro y menos nervioso, sabiendo que reconoces y atiendes a sus deseos y necesidades. Y cuando más tarde llegue la hora de imponer límites y normas, tu pequeño confiará también en tus decisiones y entenderá que lo quieres aunque tengas que corregirlo.

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Tu bebé de 4 meses está llorando, a pesar de que le has dado el pecho hace media hora. Tu suegra dice que la dejes llorar. Está equivocada, dicen los expertos. Su llanto es su forma de decirte que necesita algo, aunque no sepas lo que es. Prueba tenerla un ratito en brazos, volverle a dar el pecho, o mecerla y cantarle una canción. Tu hija necesita saber que estás ahí para cuidar de ella, aunque lo único que necesite sea una siesta.

Pauta: Elimina y sustituye.
Edad: 6 a 18 meses.
Cómo funciona: Como todos nosotros, los niños aprenden haciendo. Eso significa que cuando tu niño te tira al suelo su plato de arroz es porque quiere ver qué va a pasar, y no porque tiene ganas de que te enfades o de ensuciar el suelo de la cocina.

Esto no quiere decir que tengas que permitirle hacer todo lo que quiera, o algo que a ti no te guste, y muchísimo menos que juegue con algo peligroso. Cuando eso ocurra, quítale el objeto o lleva a tu niño hacia otro lugar. Ofrécele entonces algo más seguro, que ensucie menos o no sea tan destructivo. Al sustituir el objeto por otra alternativa evitas que se desespere.

Es importante que le expliques lo que estás haciendo, aunque sea demasiado pequeño para entenderlo del todo. Le estás enseñando la importante lección de que algunos comportamientos son inaceptables y que, cuando sea necesario, tú le cambiarás de actividad.

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Tu bebé de 8 meses insiste en morder las cuentas de tu collar favorito. En lugar de permitírselo (ya que podría romper el hilo y atragantarse con una cuenta) o continuar quitándole el collar de las manitas una y otra vez, quítate el collar y guárdalo, explicándole que "el collar de mamá no se puede morder". Dale entonces una aro de dentición o juguete para morder y dile, "esto sí se puede morder".

Pauta: Arreglad juntos el problema.
Edad: 12 a 24 meses.
Cómo funciona: Volviendo al ejemplo del plato de arroz, es importante diferenciar entre un bebé que juega a tirar su comida al suelo y un niñito que lo hace intencionalmente, sabiendo que está ensuciando la cocina para que luego mamá o papá la limpien.

Ese punto de transición ocurre cuando el niño es capaz de entender que está haciendo algo que no debe de hacer, normalmente alrededor de su primer cumpleaños. Cuando te mira con expresión traviesa y luego tira el arroz, es hora de reaccionar. Lo que tienes que hacer es empezar a enseñarle el concepto de ser responsable de sus acciones.

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Tu hijo ha ensuciado todo el suelo debajo su sillita a la hora de comer. Cuando termine, sácalo de la sillita, ponlo en el suelo y pídele que te de unos granos de arroz, o de garbanzos o de pasta y te "ayude" a recoger. Háblale sobre lo que están haciendo: "Hemos tirado comida al suelo, o sea que ahora tenemos que limpiar".

Pauta: Refuerza lo positivo.
Edad: 12 meses en adelante.
Cómo funciona: Este truco es fácil: Cuando tu niñito se esté portando bien, díselo, en lugar de sólo hablarle para llamarle la atención por hacer algo mal. Recompensar el buen comportamiento en lugar de reprochar el malo es un hábito que requiere un poco de práctica, pero a la larga es más eficaz.

Cómo usar esta pauta a diario: Es la hora de la siesta (lo cual a veces se transforma en un momento de disputa con tu niña). Motívala elogiando hasta el mínimo esfuerzo de su parte: "Qué bien que has dejado de jugar cuando te lo he pedido. Eso significa que tendremos tiempo para leer un cuento. Si te acuestas rapidito, tendremos aún más tiempo y podremos leer dos cuentos". Sigue felicitándola por todo y cualquier cambio positivo en su conducta a la hora de la siesta, y recompensa sus intentos con cuentos o canciones.

Pauta: Solicita la ayuda de tu niño.
Edad: 12 meses a 8 años.
Cómo funciona: Los estudiosos han descubierto algo que muchos padres todavía no han percibido: los niños llegan al mundo programados para ayudar y cooperar. Todo lo que tenemos que hacer como padres es aprovechar esta tendencia natural. Muchas veces, nosotros los padres no lo notamos porque no esperamos que los niños quieran ayudar.

Un estudio realizado en 2006 apoya esta idea. Investigadores del Instituto Max Planco de Antropología Evolutiva, en Alemania, descubrieron que, desde los 18 meses, los niños demuestran cualidades altruistas y cooperativas.

Lo demostraron de una manera muy sencilla: un investigador fingía que le costaba tender una toalla con una pinza o apilar una serie de libros. Cuando al investigador se le caía la pinza o se le desmoronaba la pila de libros, los niñitos corrían y le alcanzaban la pinza o volvían a ordenar los libros. Pero cuando el investigador cometía esos mismos errores sin fingir que le costaba hacerlo, o sea, sin que pareciera necesitar ayuda, los niños no se movían. Eso prueba que entendían lo que significa ayudar a los demás.

Haz que tu niño participe (aunque lo haga a su manera) en las tareas del hogar, con eso le estás enseñando que en la casa todos cooperáis y trabajáis juntos. Dependiendo de su edad, puede lavar una verdura, ponerle la comida al perro o separar la ropa que se ha lavado por cada miembro de la casa. Le estarás enseñando a ser un buen ayudante, lo cual es una de las destrezas más importantes en la vida porque los expertos han comprobado que las personas con mayor salud mental son aquéllas que han aprendido a ayudar los demás.

Aunque ésta no parezca ser una estrategia para crear una disciplina, lo comprobarás cuando la empieces a aplicar. Una vez que hayas enseñado a tu hijo a cooperar, esta cualidad te será muy útil porque al delegarle un "trabajo" evitas ciertas situaciones que podrían provocar una rabieta.

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Estás en el supermercado (uno de los escenarios predilectos de los niños para las rabietas). Cuando tu niño empiece a agitarse, tratando de escapar del carrito de compras, enséñale una caja de cereal y dile: "Tengo que comprar comida, y necesito que me ayudes". Entonces dale la caja de cereal y deja que él la coloque dentro de la canasta. También puedes pedirle que sea tu "buscador" y te ayude a encontrar los alimentos y los productos que necesitáis.

Pauta: Controla su coraje.
Edad: 12 a 24 meses.
Cómo funciona: Los niños de 12 a 24 meses son susceptibles a las rabietas porque aún no son capaces de controlar sus emociones, explican los expertos.

El primer paso que hay que tomar en estas situaciones es permitir que el niño se tranquilice como pueda. Si te permite que lo abraces, mécelo entre tus brazos hasta que se calme. Si cuando lo tocas se enfurece más todavía, dale espacio para que logre calmarse él solito.

No trates de hablar sobre lo ocurrido hasta que haya pasado su tormenta emocional. Pero una vez que se calme, no dejes de hablar con tu hijo sobre lo ocurrido, aunque te parezca que todo se ha solucionado. Rebobina la película y vuelve a la escena del crimen. Ésa es la única forma de corregir los errores que se hayan cometido.

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Tu hijo se negó a vestirse y se puso como loco, tirando sus juguetes por la habitación. Una vez que se haya calmado, llévalo hacia los juguetes que ha tirado y dile con calma pero con firmeza que es hora de recogerlos. Si la tarea parece ser demasiado grande para él, divídela. Señala algunos juguetes y di, "tú recoges los de ahí y yo recojo los de allá". Quédate con él hasta que haya terminado su parte.

Si se niega o empieza a tener otra rabieta, el ciclo se repite, pero esta vez espera un poquito más hasta que se calme completamente, y asegúrate que sepa que vas en serio. Vuelve entonces a decirle que recoja los juguetes.

Pauta: Háblale en su idioma.
Edad: 12 a 24 meses.
Cómo funciona: A veces el secreto para que los niños hagan lo que tienen que hacer o dejen de hacer lo que no deben depende, simplemente, de que nos comuniquemos con ellos de una forma que realmente entiendan. El pediatra Harvey Karp, autor del libro El bebé más feliz del barrio sugiere que los padres vean a su niño pequeño como un "hombrecito prehistórico" y que le hablen como tal. En otras palabras, háblale de forma casi primitiva, de la manera más sencilla posible.

Karp se refiere a esta estrategia de comunicación como la "regla de la comida rápida" porque te portas básicamente como el cajero en una ventanilla de comida rápida: repites la orden y dices el precio. Usa frases cortas y mucha repetición, gestos y expresividad para mostrarle a tu niño que entiendes perfectamente lo que él quiere o piensa.

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Tu hijito le arranca un juguete de las manos a su amiguito. En lugar de sentarlo para que tenga un tiempo de castigo o tratar de explicarle por qué lo que hizo está mal (dos estrategias en las que supones que tu hijo ha avanzado lo suficiente en su desarrollo como para comprender lo que ha sucedido), repítele lo que crees que está pensando o sintiendo: "Tú quieres el juguete".

Al reconocer sus sentimientos, le estás ayudando a tranquilizarse. Y una vez que se haya calmado lo suficiente para poder escucharte, podrás transmitirle tu mensaje de disciplina, aunque en la versión simplificada: "Coger, no. Juguete de Pablo". Aunque al principio te parezca raro, verás cómo sí funciona.

Pauta: Obedece sus "no".
Edad: 12 a 36 meses.
Cómo funciona: "No" suele ser una de las primeras palabras que aprenden los niños, y casi inmediatamente se transforma en la que más les gusta. Como sabemos los papás, esa negatividad y rechazos constantes se vuelven un poco fastidiosos. Aunque parezca mentira, una de las maneras de prevenir los incansables "no" es procurando tomarlos en serio cuando tu hijito los pronuncie. Al fin y al cabo, todos nosotros tenemos la costumbre de repetir lo que decimos cuando creemos que no nos están escuchando, ¿verdad?

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Tu hijo está corriendo de un lado a otro con el pañal sucio, pero se niega a dejar que lo cambies. Primero pregúntale si quiere que le cambies el pañal, y si te responde que no, dile: "muy bien", y espera unos minutos más. Al cabo de cinco minutos vuelve a preguntárselo, y si otra vez te dice "no", espera un poco más. Seguro que para la tercera vez que se lo preguntes, ya le estará molestando tener el pañal sucio y te responderá que sí. Al darse cuenta que su "no" tiene valor, tu hijo dejará de utilizarlos a modo de respuesta automática.

1 nov 2012


Los Padres y los Límites

En un mundo de pautas cambiantes y modelos caducos, educar a un hijo se ha convertido en un difícil desafío.

Antes la vida se desarrollaba dentro de pequeños grupos que compartían los mismos códigos, por eso aunque muchas veces las dificultades de la cotidianidad no les permitía a los padres prestarles a sus hijos toda la dedicación que ellos hubieran querido, estaban seguros de que cualquiera de las personas que los rodeaban participaban del mismo sistema de valores y les trasmitirían las mismas enseñanzas. Hoy, en cambio, son muchas las diferencias , inclusive dentro de la misma familia, y ni que hablar de los medios (televisión, internet…) que insertados en un sitio de honor dentro de la casa introducen gran cantidad de modelos , algunos compatibles con la manera de sentir y pensar de la familia y otros muy lejanos a ellos.

Ante la oferta creciente de opciones, valores contrapuestos, y modelos variables, adultos y jóvenes se sienten confundidos. Para poder hacer una selección, es necesario jerarquizar, y no todos tienen los elementos para hacerlo, mucho menos un niño. Lo más seguro es que se coloque en un papel de testigo indiferente, que acepta cuanto se lo ofrece. A su vez los cambios permanentes desactualizan toda experiencia anterior, por lo que resulta imposible copiar a los antecesores, inclusive a veces ni siquiera es posible recurrir a la memoria de la propia experiencia.

El mundo de hoy exige una adaptación constante, lo que requiere una gran dosis de creatividad por parte del individuo. Si a esto le sumamos la crisis económica, la inestabilidad , podemos comprender por qué muchos padres oscilan entre un cuestionamiento saludable y una desorientación peligrosa. Es preocupante tanto los padres que tienen dificultades para adaptarse a los códigos de hoy, como los sobreadaptados para los cuales todo vale. En general los primeros generan conflictos constantes con su prole y con el medio. Los otros, con su aceptación incondicional borran diferencias y jerarquías, de resultas de lo cual es imposible distinguir a estos padres de sus hijos. Lo que no queda claro es: si son los progenitores quienes se han estancado en un lugar de inmadurez, o los hijos los que están exigidos a compartir un espacio para el cual no están preparados.

Chicos desobedientes / Límites NO claros

Ser padre implica ejercer la autoridad , lo que es muy diferente a autoritarismo, pero pareciera que esta diferencia no siempre se reconoce y por temor a caer en el despotismo hoy nos encontramos con un vacío de autoridad.

Todos son iguales, no hay jerarquías , el lugar de los padres ha quedado vacante , y los hijos en muchos casos están huérfanos, con toda la desprotección que esto significa . Porque la autoridad no sólo limita, también protege . Esa es la función de ley, que los padres deberían impartir . Los límites contienen, dan seguridad, y funcionan de gúia. Son como la rivera de un río que le da forma a su recorrido, sin ellos se formaría un charco.

Pensemos en un árbitro de futbol. Está en el campo para que pueda desarrollarse el partido y proteger a los jugadores . Sin él el partido sería caótico, y probablemente los jugadores saldrían lastimados .

Y las leyes no se negocian, se ponen. No hay discusión . Cuando alguien pasa un semáforo en rojo, está cometiendo una infracción. No se pasa más o menos , ni lentamente, cuando está en rojo hay que frenar, sino hay penalización.

Muchos padres , temerosos de cumplir su rol, discuten con sus hijos las normas de convivencia que ellos pretenden poner. Tras la “charla” esconden sus dudas y buscan la autorización de los hijos , subvirtiendo los roles y las jerarquías .

Está bien que el padre aclare el por qué de determinada regla, pero no es necesaria la aprobación o la comprensión del otro para que entre en vigencia.

Si el joven o el niño entiende o no porque debe colaborar, no es excusa para que no lo haga.

Sería bueno que lo comprenda, pero esto no es lo mismo que acordar. Los hijos pueden entender las razones del padre y no estar de acuerdo, y sin embargo deberán cumplir la regla.

El gran tema es qué hacer cuando el hijo rompe las reglas . ¿Se castiga?

Yo prefiero hablar de hacerse cargo de las consecuencias de su acción.

Lo que debe quedar claro, es que los actos tienen consecuencias y cada uno tiene la libertad de elegir qué hacer. Este es el mayor aprendizaje que puede tener una persona y puede comenzar en las más tierna infancia . Un niño pequeño , por ejemplo deberá aprender que si ha roto un juguete , no lo tiene más a menos que aprenda a repararlo . No es bueno reponer lo roto como si nada hubiera pasado.

Decir todo que sí, es comodidad, y es tan negativo como el “no” excesivo. Es importante que el niño sepa que ante un “No” hay otro “Si” . De esta manera se ejercita la flexibilidad , tan importante para la inteligencia emocional de las personas. La frustración no sólo no es tan mala como se piensa, sino que es necesaria. A partir de ella se busca nuevos caminos , es decir que la frustración incentiva la creatividad. Una persona con poca tolerancia a la frustración tiene asegurado un futuro desdichado.

En la medida que el niño comprende que las consecuencias de sus actos las paga él, solo comienza a elegir. Pedirle a un niño que se autolimite es pedirle demasiado , y es lo que hacen quienes no ponen límites. Por eso muchos niños/as los piden a gritos.

Una de las causas más comunes de desobediencia es la complicidad con uno de los mayores . A menudo nos encontramos con que uno de los progenitores funciona como quinta columna ( desaveniencias conyugales o algún abuelo/a). Por eso es importante asegurarse de que las leyes sean consensuadas por la pareja.

Cuando la pareja no está de acuerdo, lo primero que deben hacer es hablar sus diferencias. Probablemente ese desentendido encierre otro tipo de reclamos. Si solo se tratara de diferencias en los puntos de vista, tener en cuenta que es peor un doble mensaje que una norma inadecuada.

Otras veces la permisividad es producto de la comodidad o la impotencia.

Es común que padres muy controladores, cuando se cansan de no poder manejar la situación, pasen al otro lado y se vuelvan demasiado permisivos.

Los límites son las normas que permiten lograr una buena convivencia, y el normal desarrollo del niño. Pero el niño tiene derecho a elegir sus actividades cotidianas, inclusive puede elegir cumplir o no dichas normas. Control es no permitirle ejercer este derecho. El controlador no pone normas, dicta conductas. Los padres deben permitir que el niño ejerza su derecho a elegir porque de esta manera aprende a hacerse cargo de los resultados de sus acciones. No todo es posible, pero tampoco nada. No se puede pretender que el niño se ponga sus propios límites, porque implicaría demasiada exigencia para el menor. Cuando los padres le dictan las respuestas lo están haciendo dependiente. Se supone que toda educación tiende a lograr la autonomía del sujeto, esto significa que la persona es capaz de ponerse las propias normas y para ello nada mejor que ejercer el derecho a elegir y conocer el resultado de estas elecciones.

A tener en cuenta:

  • Los límites no se negocian.
  • Ser firme y claro.
  • No arrepentirse.
  • No amenazar con algo que no se cumple.
  • Aceptar que le niño esté en desacuerdo.
  • No tratar de convencerlo, hacer cumplir la regla.
  • Enfrentarlo con las consecuencias de sus actos.

23 oct 2012


Desde la mirada inocente de un niño
La reflexión de un niño.
http://www.youtube.com/watch?v=vG3-z8013mY

El enlace que os adjunto, muestra un texto y a continuación un vídeo relacionado. Os aconsejo que lo veáis con atención y leáis más allá de las letras. A mi me hace reflexionar.

http://pedagogia.lauramascaro.com/2012/10/ce-nest-quun-debut-solo-es-el-principio.html

Padres Comprometidos: El Recurso Secreto en la Educación de los Hijos

A pesar de que diariamente los padres mandan sin falta a sus hijos a la escuela y esperan que les vaya bien, se puede agregar un ingrediente adicional que dará un fuerte impulso al éxito del niño. La participación de los padres es el ingrediente que hace la diferencia. La participación activa de los padres en la educación de sus hijos, tanto en el hogar como en la escuela, trae muchos beneficios y tiene un impacto significativo en la vida del niño. Según estudios de investigación, los niños de padres comprometidos:

  • faltan menos;
  • se comportan mejor;
  • tienen un mejor desempeño académico desde los años preescolares hasta la escuela superior;
  • continúan con sus estudios escolares;
  • van a mejores escuelas.

La investigación demuestra también que un entorno hogareño en el que se fomenta el aprendizaje es aún más importante que los ingresos, el nivel de educación o los antecedentes culturales de los padres. Al participar activamente en la educación de sus hijos, tanto en el hogar como en la escuela, los padres envían mensajes importantes a sus hijos. Les demuestran que se interesan por las actividades que realizan y refuerzan la idea de que la escuela es importante.

Cómo comprometerse y participar– Preparando el terreno en los primeros años escolares

La realidad es que algunos padres tienen más tiempo que otros para participar, pero es importante que aun los padres muy ocupados examinen sus prioridades y se hagan un tiempo, aunque sea corto. Algunas escuelas están intentando trabajar con horarios más flexibles para que los padres que trabajan tengan más opciones.

Estas son algunas recomendaciones específicas en las que los padres pueden participar en la educación de sus hijos:

En el hogar:

  • Léales a sus hijos. Leer en voz alta es la actividad más importante que pueden hacer los padres para aumentar las posibilidades del niño de leer correctamente.
  • Converse sobre los libros y las historias que lee a su hijo.
  • Ayude a su hijo a organizar su tiempo.
  • Ponga un límite a la cantidad de horas de televisión que pueden ver durante los días de semana.
  • Hable con su hijo regularmente sobre lo que ocurre en la escuela.
  • Revise la tarea cada noche.

En la escuela: Reúnase con la maestra u otros miembros del personal de la escuela para determinar dónde se necesita ayuda, cuándo y cómo; y fíjese dónde esto coincide con sus intereses. Ofrezca voluntariamente su tiempo. Los padres pueden:

  • ser ayudantes en el salón de clases;
  • dar clases particulares o leer con niños en forma individual;
  • ayudar a los niños con necesidades especiales;
  • ayudar en los laboratorios especiales, como el de computación o ciencias;
  • planificar y trabajar para recaudar fondos;
  • planear y acompañar a los estudiantes en los paseos escolares;
  • asistir a los entrenadores en eventos deportivos;
  • asistir con los proyectos de manualidades y arte;
  • ayudar en algún club de intereses especiales o grupo de teatro;
  • hablar a la clase sobre su carrera o área de especialización;
  • ayudar a escribir comunicados de prensa y artículos sobre las noticias locales;
  • desempeñarse como asistente de la biblioteca y ayudar en la "hora del cuento".

Las posibilidades son infinitas.

  • Vote en las elecciones para la junta escolar. Sepa qué proponen los candidatos.
  • Participe en las asociaciones de padres y maestros, y en las decisiones escolares.
  • Ayude a su escuela a fijar estándares académicos altos.
  • Transfórmese en defensor de una mejor educación en su comunidad y estado.

No deje de participar: Los años de la escuela media y superior

Durante la adolescencia, los niños se hacen más independientes y en general no desean que sus padres estén en la escuela. Los alumnos de la escuela intermedia y superior deben enfrentarse a más materias y más maestros de una manera más impersonal, por eso la participación de los padres, aunque menos directa, sigue siendo importante. Los padres pueden participar en eventos escolares, revisar la tarea, aportar experiencias y materiales que complementen el trabajo en el curso, y ayudar al niño con estrategias de organización. Los padres pueden influir en el progreso académico de sus hijos mediante el apoyo y el refuerzo, y sirviendo de modelos. Los niños aprenden de los estilos de aprendizaje y las actividades propias de los padres como discusiones, lectura de periódicos y otros materiales, hábitos televisivos y otras fuentes de información y conocimiento.

Vale la pena que los padres se involucren

Cuando los padres aportan su esfuerzo y tiempo, tienen la oportunidad de interactuar con los maestros, los administradores y otros padres. Pueden aprender por sí mismos sobre las actividades diarias y la cultura social de la escuela, que le permitirán comprender cómo es la escuela de su hijo.

Tanto el niño como la escuela se benefician, y los padres sirven como ejemplo al demostrar cuán importante es la participación de la comunidad. Además de mejorar el rendimiento académico, la participación de los padres da resultado de otras formas igualmente significativas. Numerosos estudios han demostrado que la participación de los padres es un factor de protección contra el uso del tabaco, la depresión, los trastornos de alimentación, el rendimiento académico y otros problemas de los adolescentes. Al mantenerse involucrado con sus hijos pequeños y adolescentes, los padres pueden ser una fuente de apoyo, crear un clima que permita tratar temas difíciles y servir de ejemplo para una conducta responsable y de compromiso.

21 oct 2012


Tiempo de calidad con nuestros hijos

Al investigar acerca de lo que han dicho psicólogos, educadores y orientadores familiares acerca de este tema, sabemos que los padres actualmente trabajan más que nunca, llegan a casa cuando los niños ya están dormidos, ellos cansados, y además contamos con más distracciones que antes (Internet, móviles …). Si nos sentimos culpables por esa situación deberíamos entender perfectamente lo que significa "tiempo de calidad con nuestros hijos". Sinceramente, no es algo que nos tengan que enseñar, pues muy dentro de nosotros vivimos convencidos de que, como dice Josh McDowell en su libro El padre que yo quiero ser, los hijos perciben nuestro amor a través del tiempo que les dedicamos.

También sabemos que es imposible alcanzar calidad si no se parte de una cantidad de tiempo adecuada, a pesar de que muchos digan lo contrario. Me gusta un ejemplo que exponen Norah y Jorge Zuloaga en Familia presente: puedo contar con ingredientes de la mejor calidad para hacer un delicioso pastel, pero si no lo horneo el tiempo suficiente, el resultado no será óptimo. Los  hijos necesitan pasar tiempo con los papis: cantidad y calidad.

Como no he querido llenar este espacio con líneas y más líneas de teorías, especulaciones y rigidez, he preguntado a un montón de padres y madres(que tienen hijos desde los dos meses hasta los 25 años de edad) qué pensaban acerca del tiempo de calidad con sus hijos y qué actividades realizaban con ellos durante ese tiempo.

Tiempo de calidad con mis hijos...

ü Es hacer algo que les guste a mis hijos, no importa el tiempo que dure."

ü Tiempo invertido en ellos que realmente se ve reflejado al mejorar su vida, sus relaciones, sus emociones, su estabilidad y sus conocimientos."

ü "El tiempo que estoy con mis hijos y ellos saben que estoy en cuerpo y alma, no solo en cuerpo..."

ü "Aquel tiempo en el que nada ni nadie puede interrumpir nuestra relación con ellos. Donde saben y sienten que verdaderamente son lo más importante para nosotros. En donde podemos conectar corazones, mentes y cuerpos y ser verdaderamente padres e hijos."

ü "Tiempo de calidad es el que pasas realmente con ellos, dedicado a poner todos tus sentidos en atenderlos, escucharlos o simplemente jugar con ellos sin que nada te interrumpa."

ü "Es aquel en el cual mi pensamiento y acción está con ellos, es cuando estoy 100% atenta a lo que ellos quieren comunicarme y no me distraigo haciendo al mismo tiempo otras cosas o pensando en asuntos personales o de trabajo. Es cuando ellos me enseñan cómo puedo ser mejor persona a través de sus dudas, demandas y juegos; motivándolos de acuerdo a la personalidad que cada uno tiene…"

ü "Para mí significa estar cuando ellos me necesitan, cuando ellos me quieren contar algo que les sucedió en el cole o con sus amigos, cuando ellos quieren que yo les acompañe a hacer la tarea... O el momento donde yo aprovecho para evitar, por ejemplo, que vean la tele desmesuradamente y organizo algo en común que nos permita convivir."

ü "Es un tiempo en que lo más importante es aquello que es importante para ellos, no me concentro en mis propios rollos, sino que me enfoco en ver lo que a ellos les interesa, lo que les apasiona, y las cosas que son o pueden ser importantes para sus vidas, para su desarrollo y crecimiento. Es un tiempo en que hay una conversación natural y sin agenda muy definida."

ü "Lo que sabemos que les gusta y que los marcará de por vida al recordar nuestros tiempos juntos. No se trata de llenarlos de actividades para que se sientan satisfechos, cansados y sobre estimulados; sino de hacer algo con gran significado para ellos."

ü "Cuando pongo a mis hijos y sus intereses o inquietudes en primer lugar, y conscientemente estoy disponible para hacer lo que mis hijos desean que hagamos o hablar de lo que sea que ellos quieran hablar. Trato de ser flexible, creativa, y me enfoco en escucharlos, pero primordialmente en disfrutarnos. Busco expresarles mi amor a través de todos sus sentidos..."

ü "Es cuando te sientas en el suelo con él, lo miras a los ojos, escuchas lo que te dice y verdaderamente te involucras en lo que están haciendo juntos."

ü "Implica concentrarse en su conversación, ahondar en sus intereses, involucrarte en sus sentimientos y considerar sus inquietudes… No se trata de una actividad específica, se trata de la actitud que tomas al estar con ellos."

ü "Cuando ellos te expresan que quieren repetir ese momento, cuando te diviertes con ellos o cuando escuchas sus aventuras, sus dudas o problemas, esos momentos en los que te dicen: ´Papi ¿cuándo lo volvemos a hacer?´"

ü "Es pasar tiempo con ellos haciendo actividades que les hagan sentir lo mucho que se les ama, que nos unan y nos ayuden a conocernos más como personas y como familia."

ü "Convivir con ellos sabiendo que se está construyendo un buen recuerdo de esos momentos."

Las actividades que puedes realizar con tus hijos...

1. Jugar con ellos. A la pelota, juegos de mesa, con sus muñecas,  escondidillas o al escondite, mímica, ¡lo que sea!
2. Salir a su restaurante favorito y hablar, ir al cine y después a tomar una malteada o un helado.
3. Hacer manualidades.
4. Leer y contar cuentos.
5. Buscar conchas y piedras en la playa.
6. Hacer carreras.
7. Irse de un día de picnic.

Padres vigilantes, ¿niños protegidos?

Expertos explican cómo la cantidad y calidad de tiempo invertido en los hijos les proveen herramientas para enfrentarse a un mundo que cada vez es más peligroso
Quienes comenzaron a ser padres en esta era encontraron una sociedad muy distinta a la de su niñez: ahora, los padres no pasan todo el tiempo que quisieran con sus hijos mientras crecen los peligros fuera y dentro de casa. Si bien los adultos saben que no pueden esconder la realidad, el instinto de protección aparece en todo su esplendor cuando las amenazas se suceden unas a otras sobre sus crías indefensas.

Os dejo un artículo muy interesante:
Luis Enrique Bolívar, psicólogo y asesor en manejo de conflictos, y Berna Izkandar periodista especializada en temas de crianza y derechos de infancia, ofrecen una guía a los padres para lograr una vigilancia que mantenga a los hijos a salvo, pero que también les procure un desarrollo adecuado.

Siempre alerta.
Cuando ambos padres trabajan, muchas veces, es necesario contar con otra persona, familiar o no, para que se haga cargo de los niños. Iskandar considera que lo ideal es que los padres evalúen sus prioridades y tengan en cuenta que al contratar a alguien como niñera, “delegamos la importante función de constituirse en referentes determinantes durante los años en que se construye el bagaje emocional con el que enfrentarán el resto de sus vidas”.

Bolívar, por su parte, recomienda estar alerta a las siguientes señales que podrían indicar que el bebé o el niño está siendo víctima de abuso: irritabilidad manifestada por llanto y quejas sin motivo aparente, cambios de comportamiento notorios y bruscos, se pueden mostrar taciturnos, asustadizos o abstraerse con facilidad y comportamientos agresivos con otros niños o con juguetes que semejan la figura humana.

Monitoreados en vivo
Para asegurarse de que la persona que cuida a los niños durante el día está realizando un buen trabajo, el experto en tecnología y seguridad Luis Serpa propone monitorear algunos espacios de la casa con cámaras de vídeo. Se puede optar por:

· Cámaras fijas: pueden ser visibles o estar escondidas y requieren una instalación más laboriosa y costosa, pero ofrecen mayor calidad de la imagen y audio. Además, pueden programarse para ser chequeadas por internet e incluso moverlas a distancia para obtener una mejor visual

· Cámaras portátiles de menor tamaño y precio, que pueden estar escondidas en objetos cotidianos como un oso de peluche o un bolígrafo. La desventaja de este tipo de tecnología es que dependen de una batería y de la capacidad de memoria.

 
Enseñar o bloquear.

Es un hecho irreversible que los niños de hoy están expuestos a múltiples contenidos provenientes, sobre todo, de la televisión por cable y de internet. La aproximación de los niños a estos medios debe estar matizada, tal como plantea Bolívar, por un acompañamiento nutritivo por parte de los padres. Iskandar enfatiza en que si la crianza está colmada de presencia paterna y valores positivos, no quedará vacante para las influencias negativas por muy fuertes que éstas sean.

La decisión de qué tipo de información es adecuada para cada etapa del desarrollo recae sólo en los padres. Si un contenido violento- o de cualquier otra índole- es debidamente explicado, el niño tendrá un criterio para afrontarse a él. Los adultos pueden apoyarse, además, en los sistemas de clasificación por edad que ofrecen las guías de programación de la televisión por cable.

Si de todas formas prefiere limitar el acceso a ciertos contenidos que consideren no aptos, puede apoyarse en las herramientas que brinda la tecnología.

Las compañías de televisión por suscripción ofrecen la posibilidad de bloquear canales y programas, de forma gratuita, mediante el uso de una contraseña, programada a través del control remoto.

En Internet se pueden hacer dos tipos de bloqueos: el equipo de conexión a la red puede programarse para que niegue el acceso a páginas que contengan palabras determinadas o en el menú de opciones de internet, se puede colocar el nombre de la página web y prohibir su ingreso.

 
Extraños a raya.

Las premisas fundamentales son enseñarles a los niños a no aceptar regalos- golosinas o juguetes- de un extraño, no abrir la puerta de la casa y no revelar información personal a desconocidos. Esto vale tanto para las relaciones reales como para las virtuales, porque tal como advierte Iskandar “a través de la red cualquiera puede hacerse pasar por otra persona. Revelar datos privados en redes sociales equivale a decirlo en voz alta frente a muchos desconocidos. Debemos enseñar a nuestros hijos, que no se debe hacer por Internet, lo que tampoco haríamos en el mundo real”.

El dato

La edad mínima para registrarse en la red social Facebook es 13 años. Sin embargo, no existe una herramienta que permita verificar este dato, lo que permite que muchos niños mientan acerca de su edad para poder acceder a ella

La verdad es la mejor arma.

El deseo de independencia de los hijos, sin importar su edad, y la necesidad de los padres de protegerlos es algo que siempre va a chocar. Por eso, Bolívar recomienda a los padres decir siempre la verdad, ser congruentes entre lo que se dice y lo que se hace y no ocultar ningún evento por oscuro que parezca. Iskandar concluye que “de lo que se trata es de promover métodos humanizados de disciplina, estrategias respetuosas para conducir y acompañar a nuestros niños a reconocer y respetar los límites, lo cual supone más tiempo, comunicación, conexión y compromiso emocional”.

Madres detectives

Varias mujeres que han tenido que contratar niñeras relatan cómo se aseguran que sus hijos estén bien cuidados:

· “Trato de no ser previsible con mis horas de llegada a la casa” (Trina, arquitecto)

· “Sólo contrato personas que tengan referencias confiables y con las que pueda hablar previamente” (Patricia, publicista)

· “Algunas veces, cuando llego a casa, me quedo un rato escuchando detrás de la puerta, para ver cómo está el ambiente” (Nelly, abogada)

· “Confío en los reportes que hacen mis vecinos acerca del comportamiento de mis hijos durante el día” (Flor, administradora)

· “Observo la conducta de mi hija cuando me voy y cuando regreso, y la reviso bien para ver que no tenga algún golpe inexplicable. Si algo malo le estuviera pasando, mi instinto de madre prendería las alarmas” (Jennifer, enfermera).