29 dic 2012


Establecer límites y a la vez Educar con Amor

En la difícil profesión de ser padres, educamos a los hijos teniendo como referencia la educación que nos dieron nuestros padres, asesorándonos en libros y, sobre todo, guiándonos por nuestras intuiciones. Y es que educar no es una tarea sencilla. Cuando nos encontramos con el recién nacido en brazos, ponemos en marcha todo un abanico de recursos y olvidamos, con frecuencia, otra necesidad importante para su desarrollo: la necesidad de autoridad y límites.

¿Por qué la necesidad de poner limites en la educación de los hijos?
La misma pregunta nos está dando una respuesta: porque estamos educando.
En muchas ocasiones tendemos a unir el concepto de “autoridad” con el de “autoritarismo”. Unos padres autoritarios valoran la obediencia incuestionable, no aceptando ningún tipo de comportamiento u opinión que contradiga lo que ellos consideran adecuado. Por el contrario, unos padres con autoridad ejercen un firme control cuando es necesario, pero explican su posición mientras respetan los intereses, las opiniones y la personalidad de sus hijos.
En realidad, el niño necesita sentirse libre y autónomo pero siempre dentro de unas ciertas reglas y unos límites.
Si los padres no pusieran ningún límite al comportamiento del niño, si cedieran ante todos sus deseos, estarían ofreciendo un modelo erróneo, y el hijo no aprendería qué puede y no puede hacer; cuándo puede y cuándo no. Estaríamos limitando su crecimiento personal y psicológico.  Al establecer reglas o límites estamos creando un entorno de seguridad necesario para el desarrollo integral del niño. Es dentro del núcleo familiar donde el niño empieza a aprender el cumplimiento de unas normas, de unas reglas que posteriormente se le van a exigir para su perfecta socialización. Al actuar de esta forma, evitamos la sobreprotección y fomentamos su autonomía. El niño necesita que sus padres le apoyen en su proceso de exploración, de satisfacción de sus deseos; pero también necesita que le ayuden a situarse de forma gradual en la realidad. Si le animamos a tomar la iniciativa en determinadas tareas, el niño irá aprendiendo, paulatinamente a asumir responsabilidades. Actuando así, los padres van creando un clima familiar que favorece la comunicación. Esto es muy importante en la niñez, pero es básico en la posterior adolescencia.

¿Y cómo establecer esos límites?

En primer lugar, debemos ser consecuentes. Todo límite puede llevar consigo cierta frustración, no sólo para el niño que tiene que aprender a respetar la norma, sino también para los padres. Si el adulto no tiene la firmeza suficiente para mantener la norma establecida, va a dificultar que el niño la acepte y la interiorice.
En segundo lugar, los padres deben ejercer el control combinando afecto, firmeza y seguridad. Si las figuras más importantes e influyentes para el niño, sus padres, le tratan con cariño, reconociendo sus derechos y sus deberes, se sentirá seguro. No debemos confundir el establecer límites, con imponer castigos o hacer descalificaciones personales. En ocasiones, esperamos a que el niño transgreda continuamente una norma respondiendo los padres a continuación de forma excitada. Los límites, para que funcionen, deben estar puestos a su debido tiempo.
Para que una norma sea aceptada por el niño, debe ser explicada de acuerdo a su desarrollo evolutivo y no debe ser modificada de forma arbitraria. Todos los padres saben cuándo deben flexibilizar y cuándo mantenerse firmes.
En definitiva, el establecimiento de unos límites en la educación es básico para el desarrollo social, personal y psicológico. El niño necesita sentir que sus padres le ofrecen seguridad y confianza, a la vez que le enseñan y ayudan a aceptar la realidad.

16 dic 2012


Buenos Educadores y Formadores en Sexualidad  para tu hij@ que está en la infancia o adolescencia

“Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías, breve y eficaz por medio de ejemplos”, Séneca.

No creo que exista una labor personal y social tan importante para la que, sin embargo, suela contemplarse tan poca preparación. El propio instinto de lo que un padre o madre “sabe” por el hecho de serlo es válido, pero siempre es necesario una actitud de apertura a nuevos y continuos aprendizajes. Educar y educarse bien requiere constancia y esfuerzo, el mundo cambia y las experiencias muchas veces pierden validez y vigencia, ya no sólo basta lo que hacen con sus hijos sino lo que son para sus hijos.

El modo de ser y vivir de los padres y el entorno familiar influye en la educación de sus hijos, tus palabras y las actitudes frente a temas sexuales son preponderantes en la visión futura de los adolescentes frente a estos temas. La incoherencia que los chicos y chicas en la adolescencia detectan en sus padres les generan sensaciones de miedo y desorientación en todos los aspectos, pero en la niñez -reconociendo sus diferencias genitales y su género- y en la adolescencia -en pleno desarrollo hormonal- las contradicciones les marcan pautas equivocadas que los llevan a buscar la información en otros lugares y con otras personas -sus amigos, con suerte con un profesional especializado en el tema-.

Cuando los adolescentes observan continuas diferencias significativas en los planteamientos y actuaciones de sus padres y entorno familiar, crecerán desconcertados. Por eso recomienda leer y entender con cierta frecuencia algún libro, asistir a alguna charla o cursillo, invertir en soluciones sobre la educación sexual y en general de los hijos y adolescentes de tu cercanía. No es suficiente tu propia experiencia ni la formación recibida de tus padres. Para educarse y formarse en estos temas no necesariamente debes tener hijos, recuerda que tienes sobrinos, primos, vecinos, amigos de tus familiares, siempre tendremos niños, adolescentes y jóvenes a nuestro alrededor con los cuales podemos compartir y entablar conversaciones sobre estos temas; y que mejor forma de hacerlo teniendo la información adecuada pudiendo lo trasmitir de la mejor forma.

Aprender es crecimiento para la mente propia y social, la mente crece a través del aprendizaje. No aprender es señal de arrogancia y se convierte en ignorancia. En esta ignorancia se cometen errores y de los errores se desprende el miedo. Todos cometemos errores, pero nos levantamos y seguimos adelante. Las cosas que determinan tu destino son las que haces constantemente, no ocasionalmente.

¿Cuándo fue la última vez que estudiaste o buscaste aprender algo nuevo de sexualidad y vida sexual humana?

¿Recuerdas si haz compartido tus experiencias educativas, tus aciertos, tus problemas con otros padres y/o profesionales?

¿Tienes hijos en la adolescencia y aún no tocas el tema de la sexualidad?

4 dic 2012


Trastorno por déficit de atención e hiperactividad


Los niños con TDAH son muy inquietos e impulsivos, y tienen problemas para prestar atención y para concentrarse. A pesar de intentarlo, son incapaces de escuchar correctamente, de organizar sus tareas, de seguir instrucciones complejas, de trabajar o jugar en equipo. El actuar sin pensar (la conducta impulsiva) provoca problemas con padres, amigos y profesores. Suelen ser niños inquietos, siempre en movimiento, incapaces de permanecer sentados mucho tiempo o con una constante inquietud (que se ve en tamborileo de dedos, movimiento constante de los pies o las piernas).

El TDAH afecta negativamente al rendimiento de estos niños en el colegio, así como a otros aspectos de su vida familiar y social. Tiene tres síntomas básicos: hiperactividad, impulsividad y falta de atención.

Podemos observar en ellos:

·         Inquietud, se mueve en el asiento.

·         Se levanta cuando debería estar sentado.

·         Corre y salta en situaciones inapropiadas.

·         Dificultad para jugar tranquilamente.

·         Excitado a menudo, "como una moto".

·         Verborrea.

·         Responde antes de que finalice la pregunta.

·         Dificultad para guardar el turno en actividades de grupo.

·         Interrumpe a otros en los juegos, conversaciones, etc.

El TDAH generalmente se diagnostica en los primeros años de la enseñanza primaria. Algunos síntomas están presentes antes de los 7 años, y con frecuencia persiste en la adolescencia y en la vida adulta.                                            El diagnóstico es complejo y debe basarse en la evaluación clínica realizada por un médico experto en el reconocimiento y tratamiento del mismo. Dicha evaluación debe obtenerse tanto de la observación de la conducta del niño como de la información facilitada por los padres, profesores, familiares y amigos.

Niños con déficit de atención: ¿qué deben saber y hacer los padres?

¿Se puede hablar en plural de "déficit de atención?
El déficit de atención (DA) es relevante por la alta frecuencia de tratamientos farmacológicos en escolares. Existe un elevado sobre diagnóstico y muchos de estos tratamientos podrían ser innecesarios y obedecer a la demanda de un medio alienante que cada día ejerce más presión escolar sobre los niños y adolescentes.
Los niños con estas dificultades integran una población abigarrada y heterogénea. Los síntomas medulares y los problemas relacionados transcurren a lo largo de la vida con gran variedad expresiva, con múltiples combinaciones y en variados contextos familiares, sociales y escolares.

¿Qué requisitos de evaluación debe cumplir un niño para ser diagnosticado con certeza razonable de un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)?
El diagnóstico se centra en el relato de los padres sobre la dificultad del niño para concentrarse y prestar atención sostenida, impulsividad e hiperactividad inadecuadas para la edad, que interfieren en su vida afectiva, relaciones y desempeños. La adaptación a cualquier cambio ambiental les resulta difícil. Además, refieren que al niño le cuesta demasiado acatar reglas, seguir instrucciones y su conducta es impredecible de un día para el otro, y los ha sobrepasado.
El déficit de atención existe como entidad clínica tipificada de modo inequívoco a través de diversas escalas y criterios diagnósticos. Hay que tener cuidado para no simplificar que todo niño que se mueve corresponde a un TDA, pues el sobre diagnóstico y sobre tratamiento es casi la norma.

¿Es lo mismo el niño con déficit de atención que el niño con inmadurez neurológica?
El diagnóstico de inmadurez neurológica no existe en ninguna de las clasificaciones aceptadas internacionalmente. La palabra debe ser desterrada de modo definitivo de las características atribuibles a estos niños, porque además de incorrecta e inexacta es degradante para ellos.
Cuando algunas funciones no corresponden a la edad cronológica del niño o no se han desarrollado de modo uniforme ni homogéneo se puede decir que existe una "variación normal del desarrollo", lo que es equivalente a "disarmonía del desarrollo". Si tienen un curso estable deben ser diagnosticados como trastorno específico del desarrollo del lenguaje, de las funciones viso espaciales o de la coordinación de movimientos.


El punto 3, se encuentra un apartado de pautas muy interesantes:  

Pautas concretas:

a)
b)
c)

26 nov 2012



Cada adolescente y cada familia son distintos, y muchas veces los consejos generales no son útiles para todos, pero lo que sí es cierto, es que muchas familias comparten los mismos problemas en la adolescencia de sus hijos y deben tomar decisiones similares. Las técnicas para negociar nos pueden ayudar a la hora de conseguir acercar posturas con los hijos, de buscar soluciones que satisfagan a ambos, o simplemente de lograr aquello que queremos que nuestro hijo consiga.

Existen muchas técnicas para negociar distintas situaciones, vamos a ver las que pueden ser más útiles y las que pueden llevarse a cabo con mayor facilidad en el ámbito de la familia:

  • Técnica de “esto no es todo”: consiste en ofrecer o darle algún beneficio previo a solicitarle algún favor o esfuerzo. La gente compra más un champú en el que se regala un desodorante, que comprándolos por separado. Ejemplo: descubrimos que fuma, va a ser complicado abordar este tema con ella y conseguir a esta edad que lo deje, cuando además, todas sus amigas fuman. Una posibilidad es obsequiarle con algún beneficio como aumentarle la hora de llegada, la propina que le deis, etc. (que siempre no sea algo material, ser originales y escurriros un poco la cabeza), y una vez que lleve un tiempo prudencial disfrutando de ese beneficio abordar el tema y pedirle el esfuerzo de que no fume, siempre apoyándolo en buenas razones (perjuicio para la salud, gasto económico considerable…)

  • Técnica del “portazo en la cara”: consiste en fijar lo que queréis conseguir, una vez fijado, hacerle una petición pero que sea algo mayor de lo que se quiere conseguir, sin que sea excesivamente desmesurada, sabiendo que no lo aceptará, para, a continuación, pedirle lo que realmente queremos lograr. Nosotros hemos cedido al bajar nuestra pretensión, él se verá “obligado” a ser recíproco con nosotros y a aceptarla segunda, además él se sentirá un poco más responsable de la decisión tomada, que si es impuesta por vosotros y más satisfecho de lo negociado. No dejéis pasar mucho tiempo entre una propuesta y la segunda, pero tampoco dos segundos, que parezca que lo habéis meditado. Las propuestas deben ser del mismo tema, estar relacionadas, si no, no surtirá efecto. Ejemplo: Es típico aquí la hora de llegada. Está llegando a las 2 de la madrugada y a vosotros os parece excesivo, os parece más adecuado a su edad, que llegue sobre la 1 como mucho. Pedirle entonces que vuelva a casa a las 12, siempre dándole buenas razones. No aceptará, todos sus amigos vuelven entre la 1 y las 2, decirle después que lo habéis meditado y que opináis que a la 1, esperad a ver que pasa…

  • Técnica basada en el principio de escasez: todos hemos oído los anuncios de “la semana de oro”, “mañana último día para conseguir…”, “reloj de edición limitada”, etc. esta técnica para negociar se basa en conseguir que la otra persona crea que el “producto” es escaso o inaccesible o solo para algunos o solo se puede conseguir un determinado día. Valoramos más aquello que cuesta conseguir. Ejemplo: tu hijo lleva un curso académico con unas notas más malas que buenas, y ya no sabes que hacer para que se ponga a estudiar. Las recompensas materiales las utilizamos muchas veces, pero cómo utilizarlas adecuadamente es otra cuestión. Tu hijo de 16 años se muere por tener un móvil; te informas de cuáles son los móviles más apreciados por los jóvenes en ese momento y le dices que tiene una oportunidad única de conseguir ese modelo de móvil si saca el curso adelante, que solo le pagarás ese móvil esa vez, no al año que viene. Mira a ver si así se motiva, si no es el móvil puede ser otro tipo de recompensa; como siempre os digo, echarle imaginación y adaptar cada técnica a vuestras circunstancias (también las económicas).

  • Técnica basada en el principio de simpatía: consiste en provocar un estado de afecto positivo en el adolescente, con el fin de favorecer la posterior negociación. Hacerle una comida que le gusta, utilizar una música alegre y animada, los elogios y halagos (sin pasarse), usar el ingenio y el humor; todas estas acciones pueden condicionar nuestra conducta y favorecer una apertura en una posterior negociación.

  • Técnica del pie en la puerta: consiste en pedirle a nuestro hijo un pequeño esfuerzo, pero que le cueste, no que lo consiga sin esfuerzo, al que no se pueda negar y que esté relacionado con lo que en realidad le queremos pedir. Por los principios psicológicos de compromiso y coherencia, cuando posteriormente le pidamos lo que queremos lograr, tenderá a aceptar la petición, con el fin de mostrarse coherente y comprometido, ya que asumió el esfuerzo anterior. Si se negara a segunda petición, parecería incoherente, y podríais usar esa incoherencia para hacérselo ver y lograr el compromiso. La técnica tiene un mayor éxito cuando le dejamos elegir libremente, nunca por imposición, y cuando conseguimos que se comprometa en público, es decir, delante de más personas significativas para él (jugad con esta baza, es muy provechosa). Tu hijo habla bastante mal, suelta muchos tacos y ya no sabes cómo pararlo. Pedirle el esfuerzo de que elimine de su vocabulario determinada palabra o expresión, algo que le cueste. Si lo cumple, es el momento de pedirle que suprima el resto.

  • Técnica de la legitimización de favores insignificantes: consiste en pedirle un favor, pero esta vez, insignificante, ridículo, muy pequeño, como siempre relacionado con lo que queremos conseguir. Lo que se pretende, es que él mismo se de cuenta de lo ridículo del favor, y al final aporte más de lo que se le ha pedido, con el fin de no parecer un poco “tacaño”. Esta técnica es muy utilizada en las campañas de recaudación de dinero en las épocas navideñas. Siguiendo con el ejemplo de las notas, cuando le están suspendiendo en seis asignaturas, podéis decirle que únicamente le exigís que aprueba una de esas seis, de esta manera intentamos remorderle la conciencia con el fin de que se aplique y apruebe las seis, ojalá…

  • La técnica de la bola baja: consiste en ofrecer un producto a unas muy buenas condiciones, de manera que no pueda resistirse a él. Cuando ya haya tomado la decisión de conseguirlo al coste inicial, entonces retiramos dichas condiciones y le ponemos unas mucho más costosas. Aunque pareciera lógico que ya no las aceptara, suele suceder todo lo contrario. Probemos con las notas y el móvil que nuestro querido adolescente quiere conseguir. Le pedimos que, de las seis que ha suspendido, apruebe tres, y entonces le compraremos ese maravilloso ingenio de la tecnología. Nuestro adolescente se habrá hecho la idea de lo mucho que podrá disfrutar con ese móvil, además le habrá contado al 99% de sus amigos que en cuanto apruebe unas, sus padres le van a comprar ese móvil (sus amigos estarán alucinados). Cuando a continuación le decimos que lo hemos estado reflexionando y que ese regalo bien vale un mayor esfuerzo, aprobar cinco de las seis que le quedaron, se lo pensará mucho antes de decir que no y de no hacer el esfuerzo (además ya lo ha dicho en público, y desdecirse entre sus iguales, cuesta). Probad.

 

Buena parte del éxito de estas técnicas radica en que, en muchas ocasiones, tendemos a actuar de forma automática ante determinadas informaciones, contextos, etc. Pero, eso no significa que siempre actuemos del mismo modo ante las mismas circunstancias, por ello deberéis ser hábiles y adecuar cada técnica a cada situación, a cada problema adolescente, a cada circunstancia, y asumir que no siempre son eficaces totalmente. Pensar e idear la “negociación” con vuestro hijo antes de llevarla a cabo, dejad poco a la improvisación, pero si os toca hacerlo, lo que os digo siempre, poneros en su lugar, en su mundo, en sus ojos, recordar lo que sentíais y lo que os importaba con su edad, y llegar a un acuerdo que beneficie a ambos.

Espero que en algo os sirvan estas técnicas, que también utilizan los expertos en marketing con nosotros. Si queréis que profundicemos en alguna, poned vuestras propuestas y comentarios.

21 nov 2012



¿Cómo es el Cerebro Adolescente?
http://www.youtube.com/watch?v=aoNsGP9_1UE
 


El Valor del Esfuerzo

Enseñar el valor del esfuerzo a los hijos

En pleno apogeo de la sociedad del bienestar y consumo y con pautas educativas tendentes a ofrecer la posibilidad de acceder a todas las necesidades sin un coste personal, los niños y jóvenes se desarrollan en la secuencia: "Me apetece, lo quiero, lo tengo y de inmediato", la consecuencia es la incapacidad para soportar esfuerzos asociado a sentimientos de impotencia, frustración, no valoración de las cosas, incapacidad de disfrute, y falta de respuesta a la adversidad.

Se hace necesario prepararles para responder ante los conflictos y ayudarles a potenciar la fuerza de voluntad, la capacidad de superación y el desarrollo de una personalidad fuerte.


Podemos tener en cuenta unos criterios generales para potenciar el valor del esfuerzo en nuestros hijos/as:

ü Enseñarles a asumir responsabilidades por básicas que sean y a ser autosuficientes.

ü Ayudarles a controlar sus impulsos para que sean capaces de demorar sus gratificaciones y tolerar la frustración. Para ello conviene no ceder a sus caprichos, anticiparles los momentos gratificantes, hablar con ellos sobre el futuro y tratar de que se tracen un pequeño proyecto a medio y largo plazo.

ü Destacar el esfuerzo que hay detrás de los logros. Dosificar regalos, no permitir dejar las cosas sin acabar.

ü Acostumbrarles a que adquieran compromisos y exigirles su cumplimiento.

ü Enseñarles con nuestro ejemplo a superar con humor situaciones frustrantes y a tener metas realistas.

ü Procurar que compartan, regalen y participen en actos solidarios.

ü Proponer objetivos concretos que podamos controlar diariamente.

8 nov 2012


Pautas para mejorar el comportamiento de  los niños: Estrategias que funcionan a cada edad

Todos hemos visto estas escenas: el niño malcriado tirándole arena a los demás en el parque; el llorón de 3 años que no se calla hasta que sus padres le compran la "chuche" que quiere; la niña que le falta el respeto a su madre gritando "¡porque no quiero!" en el restaurante.

Y hemos mirado a sus padres con cierto desdén, seguros de que nosotros nos portaríamos de manera muy diferente si nuestros hijos se estuvieran portando de una forma tan maleducada.

Hasta que nos pasa a nosotros: nuestro niño tiene un ataque que nos coge completamente por sorpresa. Y de repente, eres esa mamá o papá que no sabe qué hacer frente a una situación tan difícil. La verdad es que todos los niños presentan problemas de conducta que ocurrirán en edades diferentes, y será responsabilidad nuestra encontrar la mejor manera de solucionarlos.

¿Por qué es la disciplina un dilema tan grande? Porque ponerla en práctica es como andar por la cuerda floja. Por un lado está el peligro de ser demasiado permisivos, porque nadie quiere criar a niños consentidos y tiranos; por el otro, está el miedo de controlarlos excesivamente, porque tampoco queremos ser tan duros que lleguemos a criar a niños miedosos, tímidos y tristes.

Lo que necesitamos es encontrar un término medio para lograr educar a niños respetuosos, afectuosos y que se porten bien.


Primero, las reglas básicas

Para preparar el escenario y disciplinar a los niños con éxito, éstas son las reglas básicas con las que están de acuerdo muchos expertos:

1. Todos tenemos responsabilidades. Hay que enseñar a los niños, desde el principio, que en la familia hay un sistema de apoyo recíproco, por el cual todos se ayudan y colaboran. Hasta un bebé puede "ayudarte" a cogerlo, levantando sus bracitos hacia ti.

2. El respeto tiene que ser mutuo. Una de las quejas más comunes de los padres con relación a sus hijos y viceversa es: "No me estás escuchando". Procura dar un buen ejemplo desde el principio, y cuando tu niño trate de decirte algo, interrumpe lo que estés haciendo, ponle atención y escúchalo. Así más tarde podrás exigirle el mismo comportamiento.

3. La clave está en la constancia. ¿Quieres criar a un niño con fortaleza emocional? Sé constante y firme con relación a las normas y tareas. Es preferible insistir en que el niño ayude con una única tarea que no exigirle absolutamente nada. Tu firmeza y constancia le enseñarán a tu hijo que lo quieres lo suficiente como para esperar que se comporte responsablemente.

4. La vida no siempre es justa. Los padres tenemos mucho miedo de decepcionar a nuestros niños, demasiado, dicen muchos expertos. Pero, si los niños nunca pasan por situaciones dolorosas o frustrantes, como al tener que compartir un juguete o esperar su turno, o si nunca sienten tristeza ni desilusión, no tendrán la oportunidad de desarrollar las destrezas psicológicas esenciales para su felicidad. Es decir, que si tu niño se enfada porque a su hermanito más pequeño le ha tocado un castigo diferente, por ejemplo, está bien que le digas: "Sé que te parece injusto, y siento que te moleste, pero la vida no siempre es justa".


Las pautas: Bebés, niños pequeños y niños mayores

Atención: Estas  herramientas no están garantizadas, y ninguna de ellas será perfecta para todos los padres y niños. Pero sí te ofrecerán opciones a la hora de disciplinar a tus hijos, ¿y a qué padre no le gustaría contar con más "armas secretas"?

Pauta: Dale amor en abundancia.
Edad: De recién nacido a 12 meses (¡y mucho más!).
Cómo funciona: Seguramente te habrás preguntado si tu bebé se está saliendo con la suya cuando vas y lo coges en brazos por enésima vez. ¿Debes de empezar a imponerle límites? Todavía no, dicen los profesionales. Al responder a las necesidades de tu bebé no lo estás consintiendo ni "malcriando", ya que es imposible consentir o mimar demasiado a un bebé.

De hecho, el resultado será precisamente lo contrario: al darle a tu bebé todo el amor y atención posibles ahora, le estás ayudando a transformarse en una persona bien equilibrada y que sabe comportarse. Tu bebé está aprendiendo a confiar en sus padres, y su forma de hacerlo es comprobando que siempre estás presente para responder a sus necesidades.

Con el tiempo, esa confianza hará que tu hijo se sienta más seguro y menos nervioso, sabiendo que reconoces y atiendes a sus deseos y necesidades. Y cuando más tarde llegue la hora de imponer límites y normas, tu pequeño confiará también en tus decisiones y entenderá que lo quieres aunque tengas que corregirlo.

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Tu bebé de 4 meses está llorando, a pesar de que le has dado el pecho hace media hora. Tu suegra dice que la dejes llorar. Está equivocada, dicen los expertos. Su llanto es su forma de decirte que necesita algo, aunque no sepas lo que es. Prueba tenerla un ratito en brazos, volverle a dar el pecho, o mecerla y cantarle una canción. Tu hija necesita saber que estás ahí para cuidar de ella, aunque lo único que necesite sea una siesta.

Pauta: Elimina y sustituye.
Edad: 6 a 18 meses.
Cómo funciona: Como todos nosotros, los niños aprenden haciendo. Eso significa que cuando tu niño te tira al suelo su plato de arroz es porque quiere ver qué va a pasar, y no porque tiene ganas de que te enfades o de ensuciar el suelo de la cocina.

Esto no quiere decir que tengas que permitirle hacer todo lo que quiera, o algo que a ti no te guste, y muchísimo menos que juegue con algo peligroso. Cuando eso ocurra, quítale el objeto o lleva a tu niño hacia otro lugar. Ofrécele entonces algo más seguro, que ensucie menos o no sea tan destructivo. Al sustituir el objeto por otra alternativa evitas que se desespere.

Es importante que le expliques lo que estás haciendo, aunque sea demasiado pequeño para entenderlo del todo. Le estás enseñando la importante lección de que algunos comportamientos son inaceptables y que, cuando sea necesario, tú le cambiarás de actividad.

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Tu bebé de 8 meses insiste en morder las cuentas de tu collar favorito. En lugar de permitírselo (ya que podría romper el hilo y atragantarse con una cuenta) o continuar quitándole el collar de las manitas una y otra vez, quítate el collar y guárdalo, explicándole que "el collar de mamá no se puede morder". Dale entonces una aro de dentición o juguete para morder y dile, "esto sí se puede morder".

Pauta: Arreglad juntos el problema.
Edad: 12 a 24 meses.
Cómo funciona: Volviendo al ejemplo del plato de arroz, es importante diferenciar entre un bebé que juega a tirar su comida al suelo y un niñito que lo hace intencionalmente, sabiendo que está ensuciando la cocina para que luego mamá o papá la limpien.

Ese punto de transición ocurre cuando el niño es capaz de entender que está haciendo algo que no debe de hacer, normalmente alrededor de su primer cumpleaños. Cuando te mira con expresión traviesa y luego tira el arroz, es hora de reaccionar. Lo que tienes que hacer es empezar a enseñarle el concepto de ser responsable de sus acciones.

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Tu hijo ha ensuciado todo el suelo debajo su sillita a la hora de comer. Cuando termine, sácalo de la sillita, ponlo en el suelo y pídele que te de unos granos de arroz, o de garbanzos o de pasta y te "ayude" a recoger. Háblale sobre lo que están haciendo: "Hemos tirado comida al suelo, o sea que ahora tenemos que limpiar".

Pauta: Refuerza lo positivo.
Edad: 12 meses en adelante.
Cómo funciona: Este truco es fácil: Cuando tu niñito se esté portando bien, díselo, en lugar de sólo hablarle para llamarle la atención por hacer algo mal. Recompensar el buen comportamiento en lugar de reprochar el malo es un hábito que requiere un poco de práctica, pero a la larga es más eficaz.

Cómo usar esta pauta a diario: Es la hora de la siesta (lo cual a veces se transforma en un momento de disputa con tu niña). Motívala elogiando hasta el mínimo esfuerzo de su parte: "Qué bien que has dejado de jugar cuando te lo he pedido. Eso significa que tendremos tiempo para leer un cuento. Si te acuestas rapidito, tendremos aún más tiempo y podremos leer dos cuentos". Sigue felicitándola por todo y cualquier cambio positivo en su conducta a la hora de la siesta, y recompensa sus intentos con cuentos o canciones.

Pauta: Solicita la ayuda de tu niño.
Edad: 12 meses a 8 años.
Cómo funciona: Los estudiosos han descubierto algo que muchos padres todavía no han percibido: los niños llegan al mundo programados para ayudar y cooperar. Todo lo que tenemos que hacer como padres es aprovechar esta tendencia natural. Muchas veces, nosotros los padres no lo notamos porque no esperamos que los niños quieran ayudar.

Un estudio realizado en 2006 apoya esta idea. Investigadores del Instituto Max Planco de Antropología Evolutiva, en Alemania, descubrieron que, desde los 18 meses, los niños demuestran cualidades altruistas y cooperativas.

Lo demostraron de una manera muy sencilla: un investigador fingía que le costaba tender una toalla con una pinza o apilar una serie de libros. Cuando al investigador se le caía la pinza o se le desmoronaba la pila de libros, los niñitos corrían y le alcanzaban la pinza o volvían a ordenar los libros. Pero cuando el investigador cometía esos mismos errores sin fingir que le costaba hacerlo, o sea, sin que pareciera necesitar ayuda, los niños no se movían. Eso prueba que entendían lo que significa ayudar a los demás.

Haz que tu niño participe (aunque lo haga a su manera) en las tareas del hogar, con eso le estás enseñando que en la casa todos cooperáis y trabajáis juntos. Dependiendo de su edad, puede lavar una verdura, ponerle la comida al perro o separar la ropa que se ha lavado por cada miembro de la casa. Le estarás enseñando a ser un buen ayudante, lo cual es una de las destrezas más importantes en la vida porque los expertos han comprobado que las personas con mayor salud mental son aquéllas que han aprendido a ayudar los demás.

Aunque ésta no parezca ser una estrategia para crear una disciplina, lo comprobarás cuando la empieces a aplicar. Una vez que hayas enseñado a tu hijo a cooperar, esta cualidad te será muy útil porque al delegarle un "trabajo" evitas ciertas situaciones que podrían provocar una rabieta.

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Estás en el supermercado (uno de los escenarios predilectos de los niños para las rabietas). Cuando tu niño empiece a agitarse, tratando de escapar del carrito de compras, enséñale una caja de cereal y dile: "Tengo que comprar comida, y necesito que me ayudes". Entonces dale la caja de cereal y deja que él la coloque dentro de la canasta. También puedes pedirle que sea tu "buscador" y te ayude a encontrar los alimentos y los productos que necesitáis.

Pauta: Controla su coraje.
Edad: 12 a 24 meses.
Cómo funciona: Los niños de 12 a 24 meses son susceptibles a las rabietas porque aún no son capaces de controlar sus emociones, explican los expertos.

El primer paso que hay que tomar en estas situaciones es permitir que el niño se tranquilice como pueda. Si te permite que lo abraces, mécelo entre tus brazos hasta que se calme. Si cuando lo tocas se enfurece más todavía, dale espacio para que logre calmarse él solito.

No trates de hablar sobre lo ocurrido hasta que haya pasado su tormenta emocional. Pero una vez que se calme, no dejes de hablar con tu hijo sobre lo ocurrido, aunque te parezca que todo se ha solucionado. Rebobina la película y vuelve a la escena del crimen. Ésa es la única forma de corregir los errores que se hayan cometido.

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Tu hijo se negó a vestirse y se puso como loco, tirando sus juguetes por la habitación. Una vez que se haya calmado, llévalo hacia los juguetes que ha tirado y dile con calma pero con firmeza que es hora de recogerlos. Si la tarea parece ser demasiado grande para él, divídela. Señala algunos juguetes y di, "tú recoges los de ahí y yo recojo los de allá". Quédate con él hasta que haya terminado su parte.

Si se niega o empieza a tener otra rabieta, el ciclo se repite, pero esta vez espera un poquito más hasta que se calme completamente, y asegúrate que sepa que vas en serio. Vuelve entonces a decirle que recoja los juguetes.

Pauta: Háblale en su idioma.
Edad: 12 a 24 meses.
Cómo funciona: A veces el secreto para que los niños hagan lo que tienen que hacer o dejen de hacer lo que no deben depende, simplemente, de que nos comuniquemos con ellos de una forma que realmente entiendan. El pediatra Harvey Karp, autor del libro El bebé más feliz del barrio sugiere que los padres vean a su niño pequeño como un "hombrecito prehistórico" y que le hablen como tal. En otras palabras, háblale de forma casi primitiva, de la manera más sencilla posible.

Karp se refiere a esta estrategia de comunicación como la "regla de la comida rápida" porque te portas básicamente como el cajero en una ventanilla de comida rápida: repites la orden y dices el precio. Usa frases cortas y mucha repetición, gestos y expresividad para mostrarle a tu niño que entiendes perfectamente lo que él quiere o piensa.

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Tu hijito le arranca un juguete de las manos a su amiguito. En lugar de sentarlo para que tenga un tiempo de castigo o tratar de explicarle por qué lo que hizo está mal (dos estrategias en las que supones que tu hijo ha avanzado lo suficiente en su desarrollo como para comprender lo que ha sucedido), repítele lo que crees que está pensando o sintiendo: "Tú quieres el juguete".

Al reconocer sus sentimientos, le estás ayudando a tranquilizarse. Y una vez que se haya calmado lo suficiente para poder escucharte, podrás transmitirle tu mensaje de disciplina, aunque en la versión simplificada: "Coger, no. Juguete de Pablo". Aunque al principio te parezca raro, verás cómo sí funciona.

Pauta: Obedece sus "no".
Edad: 12 a 36 meses.
Cómo funciona: "No" suele ser una de las primeras palabras que aprenden los niños, y casi inmediatamente se transforma en la que más les gusta. Como sabemos los papás, esa negatividad y rechazos constantes se vuelven un poco fastidiosos. Aunque parezca mentira, una de las maneras de prevenir los incansables "no" es procurando tomarlos en serio cuando tu hijito los pronuncie. Al fin y al cabo, todos nosotros tenemos la costumbre de repetir lo que decimos cuando creemos que no nos están escuchando, ¿verdad?

Ejemplo de cómo usar esta pauta: Tu hijo está corriendo de un lado a otro con el pañal sucio, pero se niega a dejar que lo cambies. Primero pregúntale si quiere que le cambies el pañal, y si te responde que no, dile: "muy bien", y espera unos minutos más. Al cabo de cinco minutos vuelve a preguntárselo, y si otra vez te dice "no", espera un poco más. Seguro que para la tercera vez que se lo preguntes, ya le estará molestando tener el pañal sucio y te responderá que sí. Al darse cuenta que su "no" tiene valor, tu hijo dejará de utilizarlos a modo de respuesta automática.

1 nov 2012


Los Padres y los Límites

En un mundo de pautas cambiantes y modelos caducos, educar a un hijo se ha convertido en un difícil desafío.

Antes la vida se desarrollaba dentro de pequeños grupos que compartían los mismos códigos, por eso aunque muchas veces las dificultades de la cotidianidad no les permitía a los padres prestarles a sus hijos toda la dedicación que ellos hubieran querido, estaban seguros de que cualquiera de las personas que los rodeaban participaban del mismo sistema de valores y les trasmitirían las mismas enseñanzas. Hoy, en cambio, son muchas las diferencias , inclusive dentro de la misma familia, y ni que hablar de los medios (televisión, internet…) que insertados en un sitio de honor dentro de la casa introducen gran cantidad de modelos , algunos compatibles con la manera de sentir y pensar de la familia y otros muy lejanos a ellos.

Ante la oferta creciente de opciones, valores contrapuestos, y modelos variables, adultos y jóvenes se sienten confundidos. Para poder hacer una selección, es necesario jerarquizar, y no todos tienen los elementos para hacerlo, mucho menos un niño. Lo más seguro es que se coloque en un papel de testigo indiferente, que acepta cuanto se lo ofrece. A su vez los cambios permanentes desactualizan toda experiencia anterior, por lo que resulta imposible copiar a los antecesores, inclusive a veces ni siquiera es posible recurrir a la memoria de la propia experiencia.

El mundo de hoy exige una adaptación constante, lo que requiere una gran dosis de creatividad por parte del individuo. Si a esto le sumamos la crisis económica, la inestabilidad , podemos comprender por qué muchos padres oscilan entre un cuestionamiento saludable y una desorientación peligrosa. Es preocupante tanto los padres que tienen dificultades para adaptarse a los códigos de hoy, como los sobreadaptados para los cuales todo vale. En general los primeros generan conflictos constantes con su prole y con el medio. Los otros, con su aceptación incondicional borran diferencias y jerarquías, de resultas de lo cual es imposible distinguir a estos padres de sus hijos. Lo que no queda claro es: si son los progenitores quienes se han estancado en un lugar de inmadurez, o los hijos los que están exigidos a compartir un espacio para el cual no están preparados.

Chicos desobedientes / Límites NO claros

Ser padre implica ejercer la autoridad , lo que es muy diferente a autoritarismo, pero pareciera que esta diferencia no siempre se reconoce y por temor a caer en el despotismo hoy nos encontramos con un vacío de autoridad.

Todos son iguales, no hay jerarquías , el lugar de los padres ha quedado vacante , y los hijos en muchos casos están huérfanos, con toda la desprotección que esto significa . Porque la autoridad no sólo limita, también protege . Esa es la función de ley, que los padres deberían impartir . Los límites contienen, dan seguridad, y funcionan de gúia. Son como la rivera de un río que le da forma a su recorrido, sin ellos se formaría un charco.

Pensemos en un árbitro de futbol. Está en el campo para que pueda desarrollarse el partido y proteger a los jugadores . Sin él el partido sería caótico, y probablemente los jugadores saldrían lastimados .

Y las leyes no se negocian, se ponen. No hay discusión . Cuando alguien pasa un semáforo en rojo, está cometiendo una infracción. No se pasa más o menos , ni lentamente, cuando está en rojo hay que frenar, sino hay penalización.

Muchos padres , temerosos de cumplir su rol, discuten con sus hijos las normas de convivencia que ellos pretenden poner. Tras la “charla” esconden sus dudas y buscan la autorización de los hijos , subvirtiendo los roles y las jerarquías .

Está bien que el padre aclare el por qué de determinada regla, pero no es necesaria la aprobación o la comprensión del otro para que entre en vigencia.

Si el joven o el niño entiende o no porque debe colaborar, no es excusa para que no lo haga.

Sería bueno que lo comprenda, pero esto no es lo mismo que acordar. Los hijos pueden entender las razones del padre y no estar de acuerdo, y sin embargo deberán cumplir la regla.

El gran tema es qué hacer cuando el hijo rompe las reglas . ¿Se castiga?

Yo prefiero hablar de hacerse cargo de las consecuencias de su acción.

Lo que debe quedar claro, es que los actos tienen consecuencias y cada uno tiene la libertad de elegir qué hacer. Este es el mayor aprendizaje que puede tener una persona y puede comenzar en las más tierna infancia . Un niño pequeño , por ejemplo deberá aprender que si ha roto un juguete , no lo tiene más a menos que aprenda a repararlo . No es bueno reponer lo roto como si nada hubiera pasado.

Decir todo que sí, es comodidad, y es tan negativo como el “no” excesivo. Es importante que el niño sepa que ante un “No” hay otro “Si” . De esta manera se ejercita la flexibilidad , tan importante para la inteligencia emocional de las personas. La frustración no sólo no es tan mala como se piensa, sino que es necesaria. A partir de ella se busca nuevos caminos , es decir que la frustración incentiva la creatividad. Una persona con poca tolerancia a la frustración tiene asegurado un futuro desdichado.

En la medida que el niño comprende que las consecuencias de sus actos las paga él, solo comienza a elegir. Pedirle a un niño que se autolimite es pedirle demasiado , y es lo que hacen quienes no ponen límites. Por eso muchos niños/as los piden a gritos.

Una de las causas más comunes de desobediencia es la complicidad con uno de los mayores . A menudo nos encontramos con que uno de los progenitores funciona como quinta columna ( desaveniencias conyugales o algún abuelo/a). Por eso es importante asegurarse de que las leyes sean consensuadas por la pareja.

Cuando la pareja no está de acuerdo, lo primero que deben hacer es hablar sus diferencias. Probablemente ese desentendido encierre otro tipo de reclamos. Si solo se tratara de diferencias en los puntos de vista, tener en cuenta que es peor un doble mensaje que una norma inadecuada.

Otras veces la permisividad es producto de la comodidad o la impotencia.

Es común que padres muy controladores, cuando se cansan de no poder manejar la situación, pasen al otro lado y se vuelvan demasiado permisivos.

Los límites son las normas que permiten lograr una buena convivencia, y el normal desarrollo del niño. Pero el niño tiene derecho a elegir sus actividades cotidianas, inclusive puede elegir cumplir o no dichas normas. Control es no permitirle ejercer este derecho. El controlador no pone normas, dicta conductas. Los padres deben permitir que el niño ejerza su derecho a elegir porque de esta manera aprende a hacerse cargo de los resultados de sus acciones. No todo es posible, pero tampoco nada. No se puede pretender que el niño se ponga sus propios límites, porque implicaría demasiada exigencia para el menor. Cuando los padres le dictan las respuestas lo están haciendo dependiente. Se supone que toda educación tiende a lograr la autonomía del sujeto, esto significa que la persona es capaz de ponerse las propias normas y para ello nada mejor que ejercer el derecho a elegir y conocer el resultado de estas elecciones.

A tener en cuenta:

  • Los límites no se negocian.
  • Ser firme y claro.
  • No arrepentirse.
  • No amenazar con algo que no se cumple.
  • Aceptar que le niño esté en desacuerdo.
  • No tratar de convencerlo, hacer cumplir la regla.
  • Enfrentarlo con las consecuencias de sus actos.